Entre risas, minis de cubata y ganas de aparentar ser mayor, acepté el primer cigarro. No sabía tragarme el humo y así fue durante los meses en que seguí fumando, fumando en público (entre clase y clase, en el patio, de pellas en los Recreativos o en la Plaza Mayor) o fumando a escondidas (en el baño de casa de mis padres, mareado como un pollo a punto de ser decapitado).
Ángel y yo nos comprábamos un paquete para los dos a diario: se lo solíamos pillar a Nico, que nos hacía precio, o de contrabando en el Metro de La Latina. Muchos días no teníamos pasta (generalmente yo) y comprábamos Bisonte... tela marinera lo asqueroso que estaba.
Fumar te daba un estatus (o eso pensaba) de persona adulta, de tipo duro. Y, lo más importante, era una forma de refugiarte, de ocultar tu timidez. Pero el caso es que no dejaba de ser un puto crío, un blandengue y un vergonzoso de mierda.
Aprendí a tragarme el humo, a soltarlo por la nariz, a dejarme la paga semanal en tabaco, a empeorar dos gripes que terminaron en bronquitis, a dejarlo durante nueve días para después volver a él con igual o mayor intensidad, a fumarme más de dos paquetes al día y romperme la voz, a despertar el rechazo de quienes me rodeaban y me querían, a...
Me gusta fumar, no lo vamos a negar. Si no fuera perjudicial para mi salud y, mientras me lo pudiera permitir económicamente, fumaría y fumaría y fumaría y fumaría. Fumo en cualquier parte y a cualquier hora, siempre me acompaña, siempre me apetece, siempre lo acepto.
Pero no quiero cumplir 20 años fumando. Me parece un tétrico aniversario.Le he dado demasiado vida a la muerte. Espero y deseo que gane la vida, que consiga ganarle la partida a este delicioso pero maldito vicio. Lo haré a base de tres ingredientes.
El primero y más importante es la fuerza de voluntad. Pero, como me acabas de leer, mi fuerza de voluntad es débil (le he llamado delicioso al tabaco, ya me vale); por eso la acompañaré de otros dos elementos: caladium seguinum, un remedio homeopático que sirve también para tratar la impotencia masculina (^-^) y Es fácil dejar de fumar, si sabes cómo, un libro que dio la vuelta al mundo hace unos años presentado como la panacea para abandonar el hábito del cigarrillo entre los dedos.
Conozco a gente que lo ha conseguido con uno o dos de los últimos métodos que he nombrado: que lo dejó y no volvió o que lo dejó y acabó volviendo. Yo, si esta vez me dura más de nueve días, no volveré. Entrará entonces en juego la fuerza de voluntad. Allí está la panacea de muchos males o debilidades. Pero eso se merece otro post...

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